La dopamina es la droga del amor y la ternura.·Cuando estamos enamorados, la dopamina aumenta 7000 veces su cantidad, acompañada de la oxitocina, responsable de la pasión sexual y de las fenilananinas, responsables del entusiasmo, bloqueando el aspecto de la lógica y la razón.
·Cuando una mujer va a dar a luz, se vuelve altamente dopamínica; es decir, genera una cantidad enorme de dopamina (la droga del amor y la ternura).
·En los recién casados, se produce gran cantidad de oxitocina, que es responsable del amor pasional. Por eso ellos irradian felicidad, se sienten plenos, alegres y motivados.
Como vemos, la felicidad no es algo vago e impreciso, ni una sensación nebulosa: es el efecto de un flujo correcto de sustancias químicas que proporcionan al ser humano su equilibrio físico y psíquico. Así, la felicidad se puede incrementar por medio de las siguientes actitudes o actividades, todas productoras de estas "drogas" internas.
Las anfetaminas, la marihuana, la cocaina y otras muchas drogas contienen dopamina.
...La hormona de la felicidad...
domingo, 26 de diciembre de 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
Filosofía :)
ATARAXIA
Se denomina ataraxia ("ausencia de turbación") a la disposición del ánimo gracias a la cual un sujeto alcanza el equilibrio emocional, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad, y finalmente la felicidad.
La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.
Se denomina ataraxia ("ausencia de turbación") a la disposición del ánimo gracias a la cual un sujeto alcanza el equilibrio emocional, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad, y finalmente la felicidad.
La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.
Solo palabras...
A veces me pregunto si de verdad es tan importante el tener a una persona que te quiera, alguien a quien querer.
Si merece la pena sufrir, llorar. Si todos los momentos buenos se compensan con los malos. Si todos los besos valen más que las malas caras.
Y después de pensar siempre llego a la misma conclusión:
Todas las lágrimas son insignificantes al lado de los ratos de sonrisas juntos.
Los momentos malos se hacen invisibles si pienso en los buenos.
Porque sentir tus besos, tus caricias, me hace olvidarme de todo lo demás.
Cuando estamos juntos, solos, Tú y Yo... el mundo se hace pequeñito y se reduce hasta donde estemos.
Porque tú eres mi mundo. La razón por la me levanto todas las mañanas con una sonrisa en la cara y la razón por la que nunca quiero que acabe el día.
Y no necesito oír un Te Quiero, no necesito oírlo porque ya lo se.
Y solo son dos palabras.
Únicamente dos palabras que una vez susurradas es como si no se hubieran dicho.
Me demuestras mucho más que dos palabras...
Si merece la pena sufrir, llorar. Si todos los momentos buenos se compensan con los malos. Si todos los besos valen más que las malas caras.
Y después de pensar siempre llego a la misma conclusión:
Todas las lágrimas son insignificantes al lado de los ratos de sonrisas juntos.
Los momentos malos se hacen invisibles si pienso en los buenos.
Porque sentir tus besos, tus caricias, me hace olvidarme de todo lo demás.
Cuando estamos juntos, solos, Tú y Yo... el mundo se hace pequeñito y se reduce hasta donde estemos.
Porque tú eres mi mundo. La razón por la me levanto todas las mañanas con una sonrisa en la cara y la razón por la que nunca quiero que acabe el día.
Y no necesito oír un Te Quiero, no necesito oírlo porque ya lo se.
Y solo son dos palabras.
Únicamente dos palabras que una vez susurradas es como si no se hubieran dicho.
Me demuestras mucho más que dos palabras...
Siempre a mi lado
·En esta primera entrada quería poner algo que me hubiera marcado. Por eso he decidido poner esta redacción que fue la que me inicio en la escritura.
SIEMPRE A MI LADO
Algunos días al atardecer me sentaba en el banco del porche y como cada viernes esperaba su regreso. Las cartas que me mandaba no eran suficientes para asegurarme de que estaba bien. Necesitaba verlo, le echaba tanto de menos que las semanas se me hacían interminables. Pero hoy por fin iba a volver a abrazarle.
Mire el reloj, eran las 5.30, el autobús tenia que estar al llegar. Paso el tiempo pero el autobús no llegaba, me empecé a poner histérica y pagaba mi mal humor con la gente que pasaba por la calle. De repente sonó el teléfono, llamaban de hospital, el autobús había chocado contra una furgoneta. Desde el hospital me informaron de que había 5 fallecidos de las 9 personas que viajaban. Sentí que me temblaban las piernas.
Me apresure a coger la moto y me dirigí lo más deprisa que pude hacia el hospital. Mientras conducía las dudas me asaltaban el cerebro, y el temor de que fuera uno de lo fallecidos se hacia cada vez más intenso.
Cuando llegue al hospital, el medico encargado del caso, me hizo pasar a una sala y me explico que tenían que identificar a los fallecidos.
Estaba aterrada. No conseguía imaginarme una vida sin él a mi lado.
Después de un rato esperando el medico me informo de que estaba en estado grave y que había muy pocas esperanzas de que se salvara. Los médicos que le habían atendido le daban minutos de vida.
Me dejaron pasar a la habitación, y ahí estaba, pálido, lleno de heridas. Cuando me vio en su cara s reflejo una leve sonrisa y yo le cogí la mano, estaba fría, como si ya no quedara ni un poco de vida en ella.
Él murió a mi lado, sonriendo como siempre, sin que yo pudiera hacer nada para mantenerlo junto a mí.
El dolor que sentí al verle cubierto con una sabana de los pies a la cabeza y la cantidad de lágrimas que derrame aquel día me hacen estar aquí, en la azotea del edificio más alto de Madrid. Y voy a saltar, sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Me reuniré otra vez con él, pero esta vez no será un viernes por la tarde, sino un domingo por la noche.
Cuando alguien lea esto deberá saber que muero feliz. Estas son mis últimas palabras antes de saltar...
SIEMPRE A MI LADO
Algunos días al atardecer me sentaba en el banco del porche y como cada viernes esperaba su regreso. Las cartas que me mandaba no eran suficientes para asegurarme de que estaba bien. Necesitaba verlo, le echaba tanto de menos que las semanas se me hacían interminables. Pero hoy por fin iba a volver a abrazarle.
Mire el reloj, eran las 5.30, el autobús tenia que estar al llegar. Paso el tiempo pero el autobús no llegaba, me empecé a poner histérica y pagaba mi mal humor con la gente que pasaba por la calle. De repente sonó el teléfono, llamaban de hospital, el autobús había chocado contra una furgoneta. Desde el hospital me informaron de que había 5 fallecidos de las 9 personas que viajaban. Sentí que me temblaban las piernas.
Me apresure a coger la moto y me dirigí lo más deprisa que pude hacia el hospital. Mientras conducía las dudas me asaltaban el cerebro, y el temor de que fuera uno de lo fallecidos se hacia cada vez más intenso.
Cuando llegue al hospital, el medico encargado del caso, me hizo pasar a una sala y me explico que tenían que identificar a los fallecidos.
Estaba aterrada. No conseguía imaginarme una vida sin él a mi lado.
Después de un rato esperando el medico me informo de que estaba en estado grave y que había muy pocas esperanzas de que se salvara. Los médicos que le habían atendido le daban minutos de vida.
Me dejaron pasar a la habitación, y ahí estaba, pálido, lleno de heridas. Cuando me vio en su cara s reflejo una leve sonrisa y yo le cogí la mano, estaba fría, como si ya no quedara ni un poco de vida en ella.
Él murió a mi lado, sonriendo como siempre, sin que yo pudiera hacer nada para mantenerlo junto a mí.
El dolor que sentí al verle cubierto con una sabana de los pies a la cabeza y la cantidad de lágrimas que derrame aquel día me hacen estar aquí, en la azotea del edificio más alto de Madrid. Y voy a saltar, sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Me reuniré otra vez con él, pero esta vez no será un viernes por la tarde, sino un domingo por la noche.
Cuando alguien lea esto deberá saber que muero feliz. Estas son mis últimas palabras antes de saltar...
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